Noticias de literatura
El cantautor y abogado Juan Carlos Arboleda, escribió este beligerante
artículo suscitado por la columna sobre las trampas de la Ley 30 que pretende
imponer el gobierno para privatizar la educación en Colombia, firmada por el
profesor Fabio Jurado y publicada en nuestro periódico la semana pasada El
columnista denuncia aquí con agudeza facetas de la bancarización de esta
sociedad adormilada. La polémica continúa.
Lo que está en juego no es de poca monta. La diferencia entre “servicio”, esto
es, la relación civil y comercial entre “cliente” y “contratista”, nacida de un
contrato es muy distinta de aquella que nace de la norma constitucional, esto
es, entre un “sujeto-de-derechos”, la persona-humana y el Estado. Es decir, que
la-persona-humana, el ciudadano, va a ser reemplazado por el Cliente.
Pero existe otra distinción aún más grave, no enunciada, del discurso
neo-liberal del gobierno y que el profesor Jurado no cita: la diferencia entre
Derecho y Privilegio.
En efecto, ¿cuál es el concepto que pretenden imponer los tecnócratas
neo-liberales, atacando soterradamente el derecho constitucional y los derechos
humanos fundamentales? Pues que los “Derechos” (bienes universales jurídicamente
tutelados por el estado) sean reemplazados por los Privilegios (bienes que se
obtienen no en virtud de la ley soberana que protege el Estado sino en virtud de
la capacidad económica de la persona). ¡Qué belleza!
Pero el trasfondo es más sombrío: la intención última de la reforma a la Ley 30
de educación, no solo es convertir un derecho fundamental (la educación) en un
Privilegio, volviéndolo una mercancía costosa, para privilegiados, sino también,
el de Bancarizar “dicho servicio”. La única “universalidad” que los
neo-liberales reconocen es la de los Deudores.
¿La intención última?: Bancarizar nuestra dignidad como seres humanos que somos.
La estrategia de la bancarización de la sociedad comenzó hace mucho tiempo
cuando se bancarizaron otros derechos como servicios, como relación “cliente” y
“contratista”: el agua, la luz, la telefonía pero sobre todo, la salud y las
pensiones.
Los derechos fundamentales, bienes jurídicamente tutelados por el Estado y
universales para toda persona humana sin distinción ninguna, han degenerado en
contratos de mutuo, es decir, monopolio de los prestamistas.
¿La idea, el propósito?: Comerciar con nuestras necesidades más fundamentales y
que sean objeto exclusivo del sector financiero, como las compañías de seguros.
Los derechos humanos son “derechos-fundamentales”, “naturales”, esto es,
“inherentes-a-la-persona-humana” que se obtienen por su nacimiento, por la
existencia biológica de haber nacido y que hacen parte del derecho natural no
escrito. Por lo anterior son lógicamente necesarios, universalmente válidos e
históricamente irreversibles.
Por supuesto que ahora hacen parte de las constituciones escritas y de infinidad
de tratados, resoluciones y convenciones. Pero son de la esencia del derecho
natural.
Son de aplicación inmediata y prevalentes; de ahí la acción de tutela como
mecanismo extraordinario de su protección por parte del Estado, “sujeto”
(persona jurídica) responsable de la garantía de nuestros derechos.
Algunos tratadistas del derecho constitucional pretenden enredar el tema
haciendo la distinción entre derechos fundamentales (derechos humanos de primera
generación como la libertad, la igualdad, la vida) y derechos asistenciales
(derechos humanos de segunda generación, como los económicos, sociales y
culturales) entre los cuales están, el derecho a la salud, al trabajo, a la
pensión y a la educación.
Pero la jurisprudencia de la Corte Constitucional por vía tutela, ha demostrado
que los derechos a la salud, al trabajo, a la pensión y a la educación, son
derechos fundamentales. Y ningún derecho fundamental se puede comercializar,
bancarizar. Son bienes jurídicos que, por su dignidad, están por fuera del
comercio.
¿Qué es lo que está pasando constitucional y jurídicamente y que está teniendo
unos efectos sociales tan catastróficos?
Pues que se pretende derogar, abolir, castrar, eliminar del todo a la justicia
distributiva y re-distributiva y consolidar, imponer, sólo la justicia
retributiva, universalizando los derechos como privilegios.
Es decir, acabar con el estado-social-de-derecho instituyendo
el-estado-bancario-del-no-derecho, es decir, del privilegio. ¡Qué belleza!
Mejor dicho, la sociedad, el Estado, el planeta entero, deben funcionar como un
gran super mercado.
¿Quién es el único que tiene derecho a tener derechos?
Pues aquel que tenga plata, mucha plata.
¿Los demás? Pues que se jodan solos. ¡¡¡Quién los mandó a ser pobres!!!
POSDATA: El último tecnicismo para abolir nuestros derechos, instituido por el
ministro de hacienda, Juan Carlos Echeverry, es el de “sostenibilidad-fiscal”.
Eso quiere decir que si “no hay plata”, el Estado no puede reconocer derechos,
así estén en la constitución.

clases on line de aleman
abogados derecho empresario
Motosierras y generadores
colchones
professional drivers
Empresas constructoras
film de pvc
diseño de sitios para pymes
pantallas de led
fabrica de muebles clasicos y modernos
Tarjetas artesanales
fotos digitales precios
Posicionamiento de sitios web
alquiler de paneleria
el albañil
medicina biomolecular
cirugia de orejas
servicios de jubilacion y pension
fabrica de uniformes para empresas
Eventos recreativos
regalos empresariales
alambres electricos
cursos
Descartables para delivery
Distribuidor mayorista de aceite
alquiler de escenarios con respaldo
diseño de sitios web para pymes
CTP Computer to plate
bombas de vacio
dietas por dia

